A menudo se escucha hablar de noticias de dopaje y del famoso pasaporte biológico como herramienta para la detección de tramposos. Pero no son muchos los que conocen cómo se emplea este sistema nacido hace casi dos décadas, muchas puesto bajo la lupa por inconsistencias en los procedimientos. A continuación, un detalle de cómo funciona el pasaporte biológico en el ciclismo.
Un pasado oscuro
Lamentablemente, la historia del ciclismo está repleta de casos de dopaje. A tal punto fue así, que hoy es el deporte más controlado, con sistemas y reglas que generan asombro en el resto de las disciplinas, poco acostumbradas a que los atletas seasn visitados en cualquier lugar del mundo a las 6 am, o a tener que anunciar su ubicación a diario para prestarse a dichas intervenciones. Pero además de facilitar excusas a los tramposos, las mismas son para tener un perfil continuamente actualizado del dichoso pasaporte.
Pero entonces, ¿Cómo funciona el pasaporte biológico en el ciclismo? Lo particular de este sistema es que no “caza” a los culpables en el momento de su infracción como se intentaba con otros métodos, reactivos, que podían burlarse más fácilmente y hasta ser manipulados sabiendo la vida útil de una sustancia o cómo arruinar la muestra. El pasaporte es un perfil con marcadores sanguíneos y esteroideos de cada ciclista que se va conforman con muestras tomadas tanto en competición como fuera de ella.
Cómo funciona el pasaporte biológico en el ciclismo
Para eso se requieren test de orina y sangre, y recientemente se incorporó un módulo endocrinológico a los controles. Porque está claro: el sistema no puede quedarse atrás y se actualiza constantemente para prevenir lo que sucedió durante décadas, que los tramposos fueran un paso por delante. Pero la esencia del pasaporte es también la que ha generado más controversia por no ser una respuesta directa a la presencia de una droga prohibida.
Los marcadores en cuestión son los usuales: hematocrito, hemoglobina, cantidad de glóbulos rojos o testosterona. Cada ciclista con licencia en la Unión Ciclista Internacional (UCI) está obligado a aportar muestras para el sistema. Al menos en lo que a las categorías World Tour y Pro Team refiere es así, con varios Continentales haciendo el esfuerzo, porque dicho sea de paso, todo esto tiene un costo implícito bastante elevado.
Marcadores y fluctuaciones
El pasaporte, controlado ahora por la International Testing Agency (ITA), sirve para detectar fluctuaciones en los marcadores mencionados buscando parámetros que no sea posible alcanzar sin manipulación. Por eso cada pasaporte es único, porque cada corredor tiene límites personales que se fijaron a lo largo de meses de estudio. Obviamente, cada atleta parte de bases disímiles también en sus valores fisiológicos.
Es bueno entender que el cuerpo humano no es una máquina y que habrá variaciones según circunstancias, como pueden ser ir a la altura, el calor o enfermarse. Todo eso está considerado en cada perfil, y se alerta solamente cuando algún marcador supera un parámetro en ese contexto. En ese caso, se envía una notificación al Panel de Manejo de Atletas, compuesto por médicos y expertos en fisiología que se encargan de profundizar en los números.
Un proceso largo y lento
Para mayors certezas, si un especialista determina que las variaciones son por manipulación, se derivan las muestras a otro de sus colegas sin que haya comunicación entre ellos para que realice un nuevo estudio. Recién entonces, si el otro experto confirma la situación, se avisa a la UCI y la AMA (Agencia Mundial Antidopaje). Por todos esos procedimientos es que se demora meses en tener resultados y sanciones y, normalmente, se producen años después de los hechos. Así sucedió esta semana con dos equipos que fueron suspendidos.
Cuando la UCI está en conocimiento de la información, contacta al corredor en cuestión y le solicita una explicación antes de abrir un expediente disciplinario. En ese caso, lo usual es que los sospechosos sean suspendidos provisionalmente, no sólo por la UCI sino por sus equipos. En otros, directamente son expulsados, como sucedió con Oier Lazkano estos últimos meses. Por supuesto, los corredores pueden apelar, pero eso requiere de mucho tiempo y dinero.
La “injusticia” del ADAMS
Uno que puede vanagloriarse de haber vencido al sistema fue Roman Kreuziger, proveniente de una familia con mucho dinero, plantó un ejército de abogados a la UCI y acabó ganando su caso. Eso sí, en esa época el pasaporte no era tan fiable como lo es ahora y se sospecha de cierta complicidad en la federación de su país. Lo usual es que los sospechosos no apelen por no poder afrontar los costos. Uno que fue absuelto por el propio sistema fue el colombiano Sergio Henao, quien logró demostrar que sus anomalías provenían de la altura.
Como parte del sistema se requiere a los ciclistas que envíen cada tres meses dónde estarán a diario. Esto se denomina ADAMS (Anti-Doping Administration and Management System), es obligatorio y es el modo en que los “vampiros” saben dónde visitar a los pedalistas. Los atletas deben indicar dónde estarán entre las 6 am y las 11 pm, los siete días de la semana, ofreciendo detalles de todo, incluso códigos de acceso a los domicilios y hoteles.
La medida parece sumamente injusta, pero fue forjada así por culpa de los tramposos de antaño. Se recuerdan incontables excusas para esquivar o manipular controles, como corredores diciendo que no escucharon los golpes en la puerta por estar durmiendo o bañándose, mientras ganaban tiempo para ingerir líquidos que arruinaran la toma de muestras. Obviamente, aquí pagan inocentes por pecadores, ya que ha sucedido que un corredor haya sido requerido para el control mientras estaba en el velatorio de un familiar o internado en el hospital.
¿Pasaporte de potencia?
Como siempre puede haber un imprevisto (vuelos demorados, averías entrenando), se permiten hasta tres fallos por año al sistema. Superar esa barrera implica culpabilidad. En este punto es claro que el pelotón acepta el método, a punto tal que desde la CPA (Sindicato de corredores) deslizaron que los pedalistas preferirían que se los rastree constantemente por GPS y no tener que completar el ADAMS con riesgo de fallarlo.
Otro punto polémico es que los equipos no tienen acceso a los pasaportes de los ciclistas, y que si quieren fichar a alguien depende del corredor mostrarlo o no. Es por eso que a menudo se producen casos en los que un ciclista es encontrado culpable por algo que hizo en un período previo, con otra escuadra. Así fue con Oier Lazkano, el caso más resonante del momento, que todavía no finaliza.
Evolución constante
Según Velo, la UCI espera que el nuevo módulo endocrinológico que sumaron ayude a detectar el uso de la hormona del crecimiento. También están viendo cómo introducir y conectar los datos con el pasaporte de potencia en caso que éste sea aprobado. El mismo consiste en sumar los números de los potenciómetros y las pruebas ya empezaron con casi 60 ciclistas de cinco equipos (uno de ellos, Picnic PostNL) que accedieron al programa de forma voluntaria compartiendo sus datos históricos de potencia.
Puede gustar o no, pero ha probado ser bastante efectivo y, de hecho, la mayor cantidad de casos de dopaje se producen en la tercera categoría, donde el pasaporte no es obligatorio. Para terminar de cómo funciona el pasaporte biológico en el ciclismo lo primero es entender que en estas casi dos décadas la cantidad de casos ha descendido y no es extraño que se considere -casi con unanimidad- la era más limpia. Siempre habrá tramposos, pero por el momento la herramienta es esta. La clave: que siga evolucionando como lo hacen todos los demás apartados del deporte.
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