Mientras que teóricamente el ciclismo se encuentra en uno de sus períodos de mayor limpieza, aún están frescos en la memoria algunos hechos que hasta hace muy poco eran frecuentes. Retirado hace poco más de una década, Jens Voigt vivió parte de esa era negra y ahora cuenta detalles de cómo lo atrevesó siendo una de las principales referencias en contra de los tramposos. “Con el dopaje en el pelotón me decían que cierre la boca y tape el tema”, reveló.
Un vocero contra el dopaje
Voigt llegó al pelotón a mediados de los 90, años en los que Jan Ullrich y el Telekom reinaban, y también había barra libre con la EPO y todo tipo de dopaje. De inmediato él se situó en la otra vereda y lo hizo abiertamente, posiblemente porque su primer Tour de Francia fue arruinado por el Caso Festina. “Era mi sueño de niño y de repente todo se viene abajo frente a tus ojos. Estás allí sin entender qué sucede. Incluso fue más duro porque mis padres llamaron para preguntar si yo estaba metido en eso. Mi pueblo es pequeño, con una calle que lleva mi nombre. Él me dijo que no volvería a salir de casa si era real”, recordó.
Eso marcó para siempre su trayectoria, por lo bueno y lo malo, porque desde entonces él también debió convivir con las sospechas. “No soy estúpido, escucho lo que la gente dice y eso te acompaña durante años”, continuó. “Pero luego fui como una especie de portavoz entre los corredores y era muy difícil”, detalló, explicando que el lote estaba dividido. “Con el dopaje en el pelotón me decían que cierre la boca y tape el tema”, indicó.
“Y luego había otros que te agradecían por hablar pero pedían que fuera aún más duro y claro”, tiró el germano. Allí hay algo que juega a favor de su reputación: en el grupo todo se sabe y si ningún colega salió a acusarlo de hacer trampa es porque estaba limpio, tal como sucedió con algunos casos puntuales que hasta hoy se saben eran las únicas ovejas blancas en medio de un ambiente completamente podrido.
“Con el dopaje en el pelotón me decían que cierre la boca y tape el tema”
“El pelotón estaba completamente dividido. La mitad apoyando y la otra diciendo que cerrara la boca”, insistió. Voigt vivió su período de hartazgo cuando estalló la Operación Puerto, años en los que llegó a ser líder del Tour o ganó una etapa, con lo que su popularidad estaba en alza. “Era agotador, la primera pregunta era sobre Armstrong y Ullrich”, rememoró. “Fue muy duro estar en el ciclismo esos años, por lo que pasó y lo que significó para los que no éramos parte de eso y aún así cargamos con las sospechas”, analizó.
En alusión a la limpieza de los ciclistas actuales, Jens fue contundente. “Creo que el sistema de controles está a otro nivel, incluso por delante de los tramposos”, ponderó. Pero claro, algo que en otros deportes parece una locura y genera quejas, para los pedalistas es moneda corriente: “Tienen que avisar con tres meses de anticipación dónde estarán, fijar horarios para que te controlen. Imagina que a un médico le dijeran que necesitan saber dónde estará los siguientes meses y que debe dejar que entren a su casa a tomarle muestras”, soltó, mencionando solo algunas de las normas que hoy tiene la Unión Ciclista Internacional.
Finalmente, el ilustre alemán aceptó que hay cosas que no van a cambiar. “Siempre habrá actuaciones extraordinarias que generen dudas, en todos los deportes. Pero vivimos una época dorada con grandes corredores y carreras espectaculares”, opinó, quitando sospechas sobre Pogacar, Remco y compañía. “Eso sí, que haya sospechas y la gente pregunta mantiene la presión para que se mantengan limpios”, sentenció, remarcando que hoy se antoja imposible que alguien le diga la frase que lo marcó: “Con el dopaje en el pelotón me decían que cierre la boca y tape el tema”.
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