Mads Pedersen es uno de los pocos ciclistas que hoy en día puede pelearle una gran clásica a Mathieu van der Poel y Tadej Pogacar. Sin embargo, una fractura de clavícula derecha y de muñeca izquierda tras caer en su primer día de carrera en la Volta a la Comunitat Valenciana trastocó por completo sus planes. En una reciente entrevista, el danés se mostró optimista en poder, al menos, llegar al tramo final de la primavera, al tiempo que contó ciertas anécdotas acerca de las complicaciones que atravesó con la lesión.
Temió por una grave lesión
El ciclista de Lidl-Trek, que esta semana retornó de forma sorpresiva al campo de entrenamiento de su equipo, contó cómo se dio el accidente, el cual no fue televisado. “Fue un momento estresante; todos tenían que estar al frente para una subida”, explicó en el podcast In the Middle de Lidl-Trek. “La carretera descendía ligeramente y la velocidad era alta. Íbamos a 70 o 75 kilómetros por hora. En una suave curva a la izquierda, algunos se tocaron, así que siguieron recto. No tuve más remedio y tuve que saltar por el borde. Vi muchos arbustos y esperaba un aterrizaje suave, pero caí como un metro sobre las piedras”.
Allí Pedersen quedó tendido por varios minutos y, en los primeros instantes, nadie se dio cuenta de su caída. Al no haber GPS en el ciclismo, su accidente pasó por desapercibido y tampoco pudo comunicarse via radio pues quedó con el pecho sobre las rocas sin poder moverse. El personal médico lo trató con cautela porque existía la preocupación de que pudiera tener una lesión de espalda. Con un collarín puesto, lo trasladaron al hospital mientras el miedo de que hubiera una grave lesión flotaba en el aire. “Entonces piensas: joder: si me rompo la espalda, no piensas en volver a la bici, piensas en lo mal que puede estar”.
Pedersen: “No pude hacer caca por cinco días porque no me podía limpiar”
Las ecografías descartaron daño vertebral, pero requirió de cirugía en su clavícula, en donde le reemplazaron la placa de metal anterior por otra. Los primeros días de recuperación fueron, en sus propias palabras, miserables. Pedersen tenía un brazo inmovilizado con una escayola y el otro con un cabestrillo, lo cual le impedía moverse. “No podía limpiarme el trasero. Tenía la muñeca izquierda rota y llevaba la escayola hasta más arriba del codo. Y tenía la clavícula derecha rota, así que llevaba un cabestrillo. No pude ir a hacer caca durante cinco días. Fue un parto difícil cuando finalmente llegó el momento en que pude hacerlo”.
Respecto a su recuperación, Lidl-Trek hace días atrás era muy poco optimista y ya daba por descartada su participación en Milano – San Remo. Pedersen minimizó su reaparición en la concentración del equipo en Mallorca, en la cual todavía exhibía un aparato ortopédico en la muñeca. “Claro que echo de menos las carreras ahora. Habría estado bien correr en Valencia, terminar la Provenza y también poder ir pronto a la París-Niza . Es una lástima, y también es una gran incógnita: ¿cómo reaccionará el cuerpo cuando empecemos a competir en las Clásicas?”, se preguntó.
Cautela en su retorno al entrenamiento exterior
“No debemos emocionarnos demasiado. Estamos forzando al máximo lo posible. Tampoco me ayuda exigirme demasiado ahora. Con este tipo de lesiones, empezar demasiado pronto puede ser más perjudicial que beneficioso. Si llego a las clásicas, serán mis primeras carreras. Sin haber competido antes, es una gran incógnita cómo estarán mis piernas”, explicó.
Contó que, por el momento, el entrenamiento consiste principalmente en trabajo en interiores y poco en kilómetros en carretera: aproximadamente 20 horas por semana en el rodillo y solo unas 3 horas al aire libre, en gran parte porque su muñeca aún limita un manejo seguro. Con el equipo mayormente socializa, más que entrenar.
“Hay muchos caminos a Roma y este año tomaremos uno diferente”
“Siempre me resultó un poco difícil pasar tantas horas en el rodillo, principalmente porque no entendía la idea principal, pero ahora sí la entiendo. Y luego, si me aburre o lo que sea, simplemente lo acepto. Pero claro, cuando llevas la quinta o sexta hora en este entrenador, también empieza a ser difícil mentalmente. Pero si fuera fácil, cualquiera podría hacerlo, ¿no?”, evaluó. Aun así, el ambiente de sus compañeros de equipo le ha levantado el ánimo. “Esos chicos pasan seis horas al día juntos en la bici, yo un poco menos. Si no creyéramos en ello, no me estaría matando en la bicicleta de interior”, concluyó Pedersen con una sonrisa. Después de todo –indicó- “otros ciclistas no necesitaron tantos días de carrera para estar listos”. “Hay muchos caminos a Roma, y este año vamos a tomar un camino diferente”.
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