¿Qué mensaje envió Vingegaard al no descolgar a Lenny Martínez?

Jonas Vingegaard y Lenny Martínez foto: Sprint Cycling/París Niza

Terminó una semana de ciclismo al más alto nivel, en la que lamentablemente se pisaron -como siempre- París Niza y Tirreno-Adriático, dos de los eventos por etapas más prestigiosos de todo el calendario. Y en Francia se impuso con autoridad el líder de Visma Lease a Bike, logrando un margen récord que ni siquiera Tadej Pogacar pudo obtener en su momento. Sin embargo, quedó un punto a analizar respecto a las prestaciones del danés en la jornada final, cuando no pudo soltar de rueda a un contrincante sumamente inferior. ¿Qué mensaje envió Jonas Vingegaard?

La edición con peor nivel en 40 años

La cuestión es sencilla: mientras que en términos de resultados Vingegaard cumplió con creces ganando dos etapas y el título, que dicho sea de paso no tenía en su palmarés, lo que no lució del todo bien fue el desenlace. En tiempos en los que las estrellas de los equipos, y él fue uno de los grandes contribuyentes de esta moda, se han dedicado a arrasar desde su primera competencia de cada temporada, el danés cerró la Carrera al Sol dejando lo que para este servidor es una imagen indeseada.

Sí, cumplió los objetivos planteados, pero la cuestión es otra en esta suerte de “escalada armamentista” que hay en el deporte: por un lado se impuso en la edición con el nivel de rivales más bajo en 40 años, según las siempre acertadas estadísticas de ProCycling Stats y otras cuentas especializadas, con apenas dos corredores de lo que hoy podría contabilizarse como el top 10 del pelotón. Obviamente, Jonas era uno y el otro abandonó: Juan Ayuso. Y si alguien desea, Oscar Onley.

No pudo descolgar a… un tercera línea

El otro aspecto en el que dejó un asterisco fue en el último puerto de la última etapa. Sí, así de injusto es, ya que dominó absolutamente todo antes. Pero por algo es el segundo mejor vueltómano del mundo (y para muchos el mejor escalador) y como tal se le exige en consecuencia. Vingegaard fue lanzado por sus gregarios en la Cote du Linguador, corta pero durísima, donde la lógica por él mismo demostrada infinidad de veces marcaba que tenía que irse en solitario.

Como se esperaba, cuando se abrió Campenaerts llegó su momento y tras el ataque aún resistía Lenny Martínez, una auténtica promesa que aún no dejó de ser eso, con etapas ganadas en este evento o en Dauphiné, y con magníficos destellos escaladores merced a sus 52 kg de peso, pero a un mundo de una estrella como el de Visma. Y sí, sabemos que el “pescador” no está a tope porque piensa en el Giro de Italia y luego el Tour, pero ninguno de sus contrincantes directos está al máximo. Y en específico Tadej Pogacar.

¿Qué mensaje envió Jonas Vingegaard?

Con el mundo mirando esta semana lo que se vio en el cierre (no olviden que muchas veces lo que vale es la primera impresión, otras la última) fue que el campeón de la Vuelta a España atacaba con todo en un ascenso con dos kilómetros enteros por encima del 10% y no pudo despegar a un tercera línea (ni vencerlo en un sprint donde él era el más potente). Porque no sólo no es una figura, tampoco ha estado en la pelea por la general de los principales escenarios, aún cuando Bahrain así lo espera y posiblemente suceda pronto.

El propio ciclista danés dejó la vara muy alta, porque en temporadas previas tenía un nivel superior al que está exhibiendo desde País Vasco 2024. Y por haber sido capaz de imponer condiciones en puertos cortos (teóricamente menos favorables a él) como el de hoy, o más interesante todavía, de humillar a Pogacar en el Tour, ganándose el respeto y admiración de todos, es que hoy se le puede demandar en consecuencia. ¿Qué mensaje envió Jonas Vingegaard? Para quién escribe esta primera parte, el de un corredor sensancional pero humano que otro año más no podrá con el esloveno que domina el panorama. Las comparaciones son inevitables y el de UAE dejó a todos tirados en su estreno estacional.

Un punto de vista contrario

¿Vingegaard se ausenta por una lesión en UAE Tour? Está mal, corre muy poco. ¿Vingegaard suma a París-Niza a su programa? Está mal, tendrá pocos rivales. ¿Vingegaard decide seguir a rueda a 3 Red Bull en la cuarta etapa pese a que solo un inepto en táctica le diría que haga lo contrario? Está mal también. ¿Vingegaard intenta improvisar su indumentaria en una etapa de lluvia extrema? Está mal, es una ofensa a la imagen del ciclismo. ¿Vingegaard ataca a 15 kilómetros de meta? Está mal, tenía que hacerlo a 40 kilómetros. ¿Vingegaard no puede quitarse de encima a Lenny Martínez en una etapa final y no arriesga en un descenso, pese a que la general está cerrada con más de tres minutos de diferencia en un gap histórico que no se veía desde 1939? Está mal también.

Últimamente, a Vingegaard se le encuentra todo tipo de argumento insólito para encontrarle una crítica, algunas de ellas poco justas al intentar todavía compararlo con un Pogacar que está por encima suyo desde hace dos años. La realidad es que cuando lleguemos al Giro de Italia y al Tour de Francia, donde será la hora de la verdad, poco interesará que Vingegaard no le haya podido soltar la rueda en un puerto random de París Niza a Lenny Martínez, quién dicho sea de paso, en los puertos cortos y empinados como fue precisamente Linguador con sus 3,3 km al 8,3%, suele ser uno de los mejores corredores de la categoría junto a nombres como Romain Gregoire.

Pogacar tampoco pudo, antes de su transformación

Así como tampoco interesó cuando Tadej Pogacar ganó el Tour de Francia 2025 días después de no poder alcanzar a Thymen Arensman en La Plagne. Afirmar que “a Pogacar no se le hubiera pegado Martínez” es partir, a mi modo de ver, de una premisa vetusta y que ya no es válida en 2026: que Vingegaard está en el mismo nivel que Pogacar en carreras por etapas.

Aún tomando esa premisa, los ciclistas, excepto casos como el de Pogacar, tienen días mejores, días regulares, y días malos. Y el análisis del estado de forma y de la performance de un corredor tiene que tomar todo el contexto: no se puede crear una imagen de solo un fotograma de una película, sino de toda la película. Y más en una carrera de preparación: hace tres años atrás Tadej Pogacar apenas le podía sacar 50 segundos a David Gaudu en París-Niza con etapas en donde ni siquiera podía distanciarlo, y Vingegaard terminaba tercero. El Tour, meses después, mostró que los dos estaban varios escalones por encima del resto y que ni siquiera Pogacar fue el ganador.

No es una señal de alarma

¿Es una señal de alerta que Vingegaard no haya podido hacerle perder contacto a Martínez en una subida con características similares a una que pudo mantenerse a rueda con Pogacar destrozando al resto de rivales como fue San Luca en el Tour 2024? Por el momento no lo es, así como tampoco es una señal de entusiasmo que haya ganado esta París-Niza con semejante diferencia a sus rivales, considerando el poco nivel de los que pudieron quedar en competencia tras las desafortunadas salidas de Juan Ayuso y Oscar Onley.

¿Qué mensaje envió Jonas Vingegaard? Con Onley, Remco Evenepoel y Joao Almeida como rivales, la Volta a Catalunya permitirá ofrecer una idea más acabada -aunque aún no definitiva- para saber dónde está Vingegaard parado. Hasta ahora, París-Niza no mostró ningún mensaje, en opinión mía, de que esté en serio riesgo su segundo puesto como mejor vueltómano del mundo que es el punto de referencia en el cual tenemos que partir (y no Pogacar). Lo que no quiere decir que tanto él como su equipo deban prepararse para el eventual escenario, a mediano plazo, de que ya no lo sea. Es un problema si se da el caso de que el presente y el futuro de la escuadra tengan su raíz en la idea -viable hace dos años, ahora fantasiosa- de que Vingegaard le pueda ganar un Tour de Francia a Pogacar, sin haber contigencias del esloveno de por medio.


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