Durante el tiempo de pandemia se trastocaron para siempre los paradigmas del ciclismo por etapas – Ciclismo Internacional

Durante el tiempo de pandemia se trastocaron para siempre los paradigmas del ciclismo por etapas

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Por Oscar Trujillo Marín

El criterium Dauphine 2023 ya es historia. Una vez más y viene siendo costumbre, en forma de recital-monólogo por parte de Jonas Vingegaard. Ha confirmado a uno de los dos grandes favoritos para llevarse el próximo Tour de Francia.

También ha dado claridad sobre quienes no están para llegar al tercer cajón del podio. Si, ¡al tercero! porque el primero solo tiene dos candidatos objetivos. Ha sepultado las ilusiones de ver coronado en Paris a finales de julio a cualquier corredor que no sea Tadej Pogacar o al actual monarca Vingegaard.

Vale, la suerte está en el aire y el aire es una fuerza caprichosa. Siempre hay la posibilidad de que uno o los dos favoritos -más que justificados por palmarés y exhibiciones pasadas como recientes-, no se recuperen de una lesión, se enfermen o despeñen de manera precoz en una bajada o sean víctimas de una infausta montonera. Pero eso es otro asunto, la especulación mágica no es un arma fiable, menos ante tanta disparidad de piernas. Claro que es posible -y terrible- la desgracia ajena, aunque incierta y más producto del deseo irracional o el azar. No sirve como estrategia de carrera, es triste como único objetivo imprescindible para la gloria. Tampoco sirve como consuelo para sustentar el deseo de victoria.

Es un hecho, Jonas y Tadej son, a mucha, mucha distancia de sus contendientes, los dos mejores corredores para pequeñas y grandes vueltas en la actualidad. Los más brillantes escaladores, mejores rodadores y croners de todos los especialistas (reales, no mediáticos y sin palmarés contrastado en esta materia) en esfuerzos de tres semanas. Y, en el caso del esloveno, es el mejor corredor total en lo que va de siglo. Las evidencias de su versatilidad depredadora resultan incuestionables.

Aún así, los amantes del ciclismo sin banderas, carentes de fetiches o ídolos intocables, siempre albergamos la esperanza de que, quizás, de forma imprevista surja alguien que les ponga difícil arrollar como lo vienen haciendo en las diversas pruebas que disputan. La erótica del poder desmedido no nos excita, no nos pone. Una vez más, en el pasado Criterium Dauphine, no ha sido el caso y se acentúa el abismo entre estos dos súper corredores y los demás.

La facilidad pasmosa, una vez más humillante, con la que la estrella danesa del Jumbo Visma ganó la carrera francesa, -la más prestigiosa y difícil de una semana-, deja poco margen de ilusión en los demás aspirantes al top 10 en la ronda gala. Ya no digamos a lo más alto del podio. Cuando Vingegaard o Pogacar aprietan, da igual que sea en febrero, marzo junio o julio; en pruebas de un día, una semana o tres, los demás -en el mejor de los casos- quedan retratados como entusiastas pre juveniles o voluntariosos seniors a años luz de su estelar nivel.

Que hayan cracks generacionales muy por encima de la media, nunca ha sido una rareza ni es exclusivo de la edad geológica del reggaetón. La diferencia de esta nueva generación de vueltómanos, prueba palpable de los avances científicos aplicados a la medicina deportiva y la tecnología, es que, a estos dos superdotados se les ofrece unos recursos infinitos que les permiten expandir su genialidad y dones naturales para el ciclismo de ruta. La ciencia ficción que Bradbury y Huxley soñaron, ya habita en sus cuerpos, los aleja aún más de los excelentes corredores más mortales con los que tienen que competir.

Sus rivales lucen inseguros, frágiles, devaluados, sin explosividad ni fondo; incapaces de hacerles sombra. Atletas de valía incuestionable, hasta hace poco destacados, al menos en la montaña, palidecen a mucha distancia de estos insaciables capos. Se agradece al menos, que donde acudan los dos ciborgs, habrá competencia y agresividad por demostrar la supremacía que solo ellos comparten.

Con respecto a los demás corredores de ese pequeño porcentaje de la antigua élite de vueltómanos mundiales, no les queda más remedio que acudir de nuevo a una nueva y cada vez más nítida paliza. Sin chances, sin vatios suficientes para hacerles una ofensiva, sin fuerza más allá del aguante a rueda, el sufrimiento vacío como medalla, la nostalgia como palmarés. Resignados de antemano a un lugar de discretos figurantes y lo que es peor, ya con la moral comida desde el kilómetro cero. Sin confianza ni piernas, aunque sea para seguirles la rueda durante 5 minutos en un puerto de segunda o tercera categoría.

Nadie duda que, hasta hace poco Richard Carapaz, Mikel Landa o Egan Bernal fueron escaladores temibles, agresivos y extraordinarios. Por diversos motivos quienes dominaban las cumbres hasta hace muy poco, ya no son rivales para estas máquinas privilegiadas, incluso en la misma montaña que era su fuerte, ni en ningún otro terreno. Su fulgor y cuarto de hora pasó, quizás demasiado rápido. El mundo del ciclismo cambió para siempre en tan solo dos años, que de forma trágica coincidieron con la era de la peste. Los paradigmas y números que valían para ser un corredor superior en 2019, ya no alcanzan: se han quedado cortos antes estos organismos venidos del futuro.

Si no surgen imprevistos en forma de accidentes y llegan medianamente bien de salud los dos, se darán palos de lo lindo con acento eslavo y escandinavo. Apoyados en sus poderosas escuadras que, todo hay que decirlo, también son muy superiores a las demás y pueden ser el factor que decanten la balanza a uno u otro lado.

Pero no se hagan ilusiones, cualquier alarde, audacia o emoción, será tan solo entre dos corredores y dos equipos: Jumbo Visma y UAE Team Emirates. Los demás participantes abonados al miedo -justificado- y la irregularidad acudirán a seguirles la rueda hasta que este par (o uno de ellos) decida atacar. Luego la ceremonia de la impotencia en primer plano. Contemplar cómo se van desvaneciendo en el horizonte, sus opciones y antiguo prestigio como candidatos, sin remedio. Por último, cruzar los dedos para no reventar y rogar que la desgracia -en forma de meritocracia envenenada- se cebe siempre con el prójimo.

Oscar Trujillo

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1 pensamiento sobre “Durante el tiempo de pandemia se trastocaron para siempre los paradigmas del ciclismo por etapas

  1. Poco mas que añadir. Solo diré que entre vueltomanos Adam Yates (30) -en su primer año con UAE- es la prueba real que la nueva práctica del ciclismo (o al menos una vertiente de ella) no es solo de precoces juveniles de genética privilegiada y que si tiene un efecto que potencia o mejora a corredores ya maduros. Este año según lo que he leído en un medio especializado en graficar los escenarios y sus resultados ha mostrado el presente año a Adam con las mejores actuaciones de su carrera. Claro que el británico siempre ha sido es un genial corredor, pero siempre acusó faltarle eso que es imprescindible para llevarse una Grande y sentarse en la mesa con los mejores capos del momento, que de haberse encontrado hace un lustro atrás con éstos números seguramente su palmares sería bastante mejor y de pronto el de Roglic un poco menos abultado.
    Concluyo ésto al verlo como el hombre mas regular que perseguía a la distancia a Jonas en el Dauphinne y que resignará su opción de podio en el próximo TDF (porque así podría vérsele) en favor de trabajar para su joven jefe que es indiscutiblemente superior.

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