A la etapa reina de esta edición hay que valorarle el estar perfectamente diseñada. Una jornada brutal de más de 5400 metros de desnivel acumulado, esconde cuatro dificultades categorizadas en 171 kilómetros entre Le Bourg d’Oisans y Alpe d’Huez.
Transitaremos por desniveles tradicionales de la zona. El primero de ellos, tras largos 8 km de inicio, será el Col de la Croix de Fer (HC).

24 km al 5.2% y una cima a 2067 metros de altitud. Para hacer parte de los Alpes, tiene la “contradicción” de ser bastante irregular, elemento que no le resta dureza y más bien, la incrementa. Es insoportable escalar por tramos inclinados, para luego bajar por un par de minutos y volver a encontrarse con otra pared mientras a la vez se asienta el fenómeno de la altura con la escasez de oxígeno. Pendiente máxima del 11% en medio de variaciones que lo hacen interminable.
Descenso largo y técnico, acompañado de 15 km de llano para enlazar con 35 km de pura subida que se divide en dos ascensos distintos: Col du Telégraphe (1°) y Col du Galibier (HC).

Volvemos a lo mismo, ambos son viejos conocidos y no necesitan de presentación. Ingresamos por la vertiente norte, que es la más exigente, pues en lugar de tomar el camino por el Col du Lautaret -largo, pero tendido-, lo hace mediante el ya acotado Telegraphe (12 km al 7%) que por pendiente es más demandante y para colmo, ofrece un ínfimo descanso de 5 km antes de afrontar el Galibier.
Por esta cara, son 17.7 km al 7% que toman una dimensión diferente en Plan Lachat. Antes de tal sitio, es una trepada irregular y pedaleable, pero una vez superada esa barrera, la gradiente crece y ofrece sectores del 10% endurecidos por la altitud, que al coronar, supera los 2600 metros. ¿Cuál es la definición de un encadenado de montaña apropiado? Esto mismo.
Bajada técnica hasta el Lautaret, luego encuentra más rectas y obliga al constante pedaleo. Cuando falten 26 km llegaremos a la última gran trepada de esta edición: Col de Sarenne (HC).

Por nombre resulta algo desconocida, pero para mejor entendimiento de quienes nos leen, es la otra vertiente del Alpe d’Huez. Algunos recordarán en 2013 que para escalar dos veces allí se usó una carretera en terrible estado como descenso para hacer posible el enlace. Esa era la Sarenne, que aunque tenga su segunda aparición en la ronda gala, será la primera ocasión en que lo haga como ascenso.
12.8 km al 7.3%, números similares a la cara tradicional, pero con dos grandes diferencias: el asfalto descuidado/rugoso y un final de subida más demandante, pues en lugar de suavizar, encuentra su tramo más decisivo, con rampas de hasta al 10%. Sitio ideal para dar continuidad a la emboscada luego de superar una base inconsistente.
La gran virtud de este recorrido es no terminar en alto. Las transiciones en falso llano después de una jornada tan brutal, resultan más dañinas que las mismas escaladas.
En este caso se corona a 14 de meta, son menos de 3 km bajando para hallar un sube y baja de la misma distancia. A continuación, 4.5 km de descenso tendido y luego una última pared de 1300 metros al 9%, para conectar con los 3 km finales habituales de la ruta habitual de Alpe d’Huez, es decir, tendidos y llevando al mismo lugar donde se finalizó ayer.
Un delicatessen para empezar a decir adiós a este Tour.
Clima
Agradable, con ligera chance de lluvia.
Escenario
Es un 70/30 para la fuga. En palabras del propio Pogacar, éste ya cumplió el deber y trabajará en pro del podio de su compañero -en esto ahondaremos en breve-. Sus palabras, sumadas a las dificultades físicas de sus gregarios y el nulo interés de otros por batir mano a mano al esloveno, en una etapa en sí compleja de controlar, hacen viable la opción de los escapados.
Se repetirán los mismos nombres, con ligeras modificaciones e imperará quien más piernas tenga, pero también aquel que sepa dosificarse, algo que por ejemplo, será poco probable para los que luchan la montaña.
Ahora bien, el podio. Remco no se va a bajar de la segunda plaza porque no tiene pinta de desfallecer. Del Toro adoptará una postura defensiva frente a un Seixas que tiene todo el peso de la carrera en sus hombros. El encadenado facilita la creatividad a la hora de atacar (salida lejana, con lugartenientes que sirvan de puente), pero requiere del factor más elemental de este deporte: fuerzas.
Si el joven francés se limitó a tirar en Alpe D’Huez, es un síntoma de que es el límite físico que maneja por ahora, más que una cuestión de estrategia. Puede tener todas las herramientas a disposición, pero si no tiene los vatios para hacer el daño, el debate pierde todo sentido. La balanza está inclinada en favor del mexicano, quien en su contra, tiene la irregularidad, apenas normal, de un chico que sigue conociendo su cuerpo en el esfuerzo a largo plazo. No tiene nada garantizado.
Favoritos
Tadej Pogacar –
Se va a entregar por Del Toro y sólo podría ganar con alguna excepción circunstancial.
Remco Evenepoel – A rueda para proteger su segundo puesto.
Isaac Del Toro – Dejará la presión en manos de su rival y con la ayuda del líder, buscará retener el podio.
Paul Seixas – Si las fuerzas lo acompañan, deberá ser astuto y aprovechar la ventaja del recorrido para asaltar el cajón. Mucho dependerá del planteamiento desde el coche.
Richard Carapaz – Su lucha por la montaña lo mermará para el triunfo de etapa. Junto con Pogi, han sido los corredores más espectaculares de esta edición. Ojalá se le dé.
Valentin Paret-Peintre – Punta de velocidad superior al ecuatoriano, pero con menos fondo.
Tobias Johannessen – Se le agotaron las fuerzas.
Egan Bernal – Sería poético verlo retratar la identidad del ciclista colombiano. Arensman parece mejor opción.
Sepp Kuss – Se conoce este juego y tiene las piernas. En recorridos así reluce su virtud de escalador puro.
Lenny Martinez – Poco glamour, pero con piernas que son ganadoras. Deberá ser más protagónico si quiere materializar su buen nivel.
Tom Pidcock – No veo porqué no intentaría. Eso sí, su favoritismo sería bajo.
Predicción
Sepp Kuss.
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