Vatios, kilos y kilómetros: cómo se perfila el favorito de una Gran Vuelta

¿Por qué, antes de la primera etapa de una Gran Vuelta, varios corredores figuran como favoritos? Porque la general es una suma de tiempos y el tiempo se gana en terrenos distintos, cada uno con su propia física. Todo eso se puede medir: la potencia sostenida, el peso, los kilómetros de cada terreno y la protección que ofrece el equipo.

Qué potencia piden la montaña y la contrarreloj

Un estudio con los registros de potencia de nueve corredores de un equipo en un solo Giro, el de 2016, separó las etapas por lo que exigían. Las etapas llanas y semimontañosas exigen picos cortos, de segundos a dos minutos; las de montaña y las contrarrelojes requieren potencia sostenida máxima durante más de diez minutos. Las contrarrelojes fueron las más intensas de todas.

Si ambas disciplinas exigen potencia sostenida, ¿por qué no gana siempre el mismo corredor? Porque el peso no cuenta igual en subida que en llano, donde suelen correrse las contrarrelojes. Un estudio de 1999 con 24 ciclistas profesionales concluyó que la capacidad para subir se mide mejor en vatios por kilo, mientras que en llano el peso penaliza mucho menos. Una modelización posterior con cinco perfiles de élite añade la pendiente: en llano domina la resistencia del aire y, cuanto más se empina, más pesa la gravedad y más favorece a los ligeros.

El recorrido reparte los terrenos

Quién parte como favorito depende también de cuántos kilómetros de cada terreno tenga la carrera, y el recorrido se conoce meses antes. El Giro de 2017, presentado el 25 de octubre de 2016, sumó 3.609,1 kilómetros en 21 etapas y solo dos contrarrelojes, de 39,8 y 29,3 kilómetros: entre las dos, menos del 2 % de la distancia, y la segunda decidió el Giro. Tom Dumoulin ganó la primera; en la segunda, la última etapa, era cuarto de la general, a 53 segundos del líder, Nairo Quintana, y terminó ganando el Giro por 31 segundos. Sobre ese recorrido se arma la lista de favoritos que recogen las apuestas deportivas de la carrera.

La protección del equipo

A esa lista le falta lo que no miden ni el potenciómetro ni la báscula: no se corre solo. Una simulación de 2018 con un pelotón de 121 ciclistas, validada con túnel de viento, mostró que la resistencia del aire baja para todos frente a un corredor aislado; en la zona media y trasera puede quedar entre el 5 % y el 10 %. ¿Y en subida, donde algunos estudios daban el aire por despreciable? Otro estudio, de 2021, calculó que ir a rueda ahorra más de un 7 % de potencia a unos 22 km/h en una cuesta del 7,5 %, y puede superar el 16 % a unos 29 km/h. Por eso un líder con equipo gasta menos: el gregario tira del grupo contra el viento y él va a rueda.

Ocho segundos en más de 87 horas

Menos aire que vencer, por la protección del grupo o por el material, se traduce en segundos, y unos segundos pueden decidir un Tour: el de 1989. Laurent Fignon llegó a la última etapa con 50 segundos de ventaja sobre Greg LeMond. En la contrarreloj de 24,5 kilómetros entre Versalles y París, LeMond rodó a 54,545 km/h con acoples de triatlón, casco aerodinámico y rueda trasera de disco. Sacó 58 segundos a Fignon y ganó el Tour por 8 segundos en 87 horas, 38 minutos y 35 segundos. Una carrera de 3.285 kilómetros se decidió por solo ocho segundos.


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