Cada año, el final temporada acarrea también el adiós de determinado número de corredores. Algunos por no conseguir hueco, otros porque pusieron fin a su trayectoria profesional. En 2026, ese final tiene un tinte especial puesto que se marchan una decena de ciclistas que dejaron huella.
Nairo Quintana y Julian Alaphilippe: el adiós de dos íconos de las Grandes Vueltas y las Clásicas
Efectivamente, el año entrante ya no estarán en el pelotón algunos rostros que han marcado al pelotón durante la pasada década y media. El primero en la lista es Nairo Quintana, multicampeón de grandes vueltas y posiblemente el mejor ciclista latinoamericano de la historia.
El colombiano colgó la bici en el Giro dell´Emilia hace unos días, con 36 años y un exitoso currículum que incluye 51 victorias y momentos memorables. Es que durante un lustro, el de Boyacá fue el máximo rival de Chris Froome, el hombre que marcó el ritmo antes de la pandemia.
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Con dos títulos como campeón del mundo, Julian Alaphilippe es otro ilustre que lo dejó. El francés se apagó lentamente luego de la pandemia y su imagen quedó algo desdibujada con un retiro a mitad de año, pero en la memoria aún están sus fulgurantes ataques en las cotas.
“Loulou” fue el puncheur que apareció para poner en entredicho el reinado de Alejandro Valverde en las Ardenas y otras clásicas, llegando incluso a pelear por un Tour de France en su pico. Su palmarés incluye también la Milán San Remo, la Strade Bianche, tres ediciones de la Flecha Valona, la Clásica de San Sebastián y seis etapas de la Grande Boucle.
Pello Bilbao, Steven Kruijswijk, Ion Izagirre: el fin del camino para los grandes referentes de la regularidad
Pello Bilbao será recordador por su particular modo de rodar en zig zag permanente, pero también porque con perfil muy bajo logró cosas notables. El vasco se va con 17 triunfos, entre los que se cuentan parciales del Tour y el Giro.
Además, en sus 16 temporadas como profesional, logró convertirse en un sólido vueltómano que se defendía en las montañas y sacaba provecho de las cronos, cuando estaba entre los mejores de esa especialidad.
Pello fue competitivo hasta el final, una enorme diferencia con muchos que se apagaron con los años. Por caso, su última semana en el ciclismo fue 6º en Tre Valli Varesine y 7º en el brutal Lombardía.
Luego de casi dos décadas en lo que hoy es Visma Lease a Bike, Steven Kruisjwijk también optó por retirarse. Hizo toda su carrera deportiva en la estructura y, en sus inicios, despuntó como un vueltómano en potencia que, con algunos años, terminó por explotar.
Así llegó al podio del Tour de France en 2019, pero posiblemente su pico haya sido en el Giro de Italia de 2016, cuando estuvo cerca de quedarse con el título. Su palmarés no cuenta con muchas victorias pero sí es un canto a la regularidad, lo que lo llevó a ser top 5 en todas las grandes vueltas.
De Magnus Cort a Alexey Lutsenko y Bauke Mollema: los cazadores de etapas que dejaron huella en el pelotón
Si Dinamarca hoy es una potencia del ciclismo, Magnus Cort es uno de los que abrió el camino a esta generación. Sus comienzos fueron como sprinter pero luego se resconstruyó como rodador y caza etapas, incluso en las montañas.
Su historial incluye seis etapas en la Vuelta, dos en el Tour y otra en el Giro, así como parciales en citas renombradas como Dauphiné o Volta a Catalunya. Su gran virtud fue reciclarse cuando dejó de ser competitivo en los embalajes masivos, algo que sucedió hace largo rato y prácticamente pasó inadvertido puesto que sostuvo el suceso hasta sus últimos días.
Ion Izagirre es un caso similar al de Bilbao, aunque posiblemente haya sido mejor sobre la cabra en su prime. Del mismo modo que el de Bahrain, fue competitivo hasta el epílogo de su trayectoria y ganó el Memorial Pantani en su penúltima aparición profesional.
Ion marcó a la generación que siguió a los esplendorosos Valverde, Sánchez, Freire, Purito y compañía. Sus mejores logros fueron etapas en las tres grandes vueltas. así como en la Itzulia, París Niza, Tour de Romandía o Tour de Polonia.
Con poco ruido, Damiano Caruso forjó un carrera profesional extensa y exitosa, especialmente en sus últimas temporadas. El italiano fue subcampeón del Giro de Italia, 4º en otra edición y 5º en la de 2025. Además fue 10º en un Tour, todo esto con los 30 años largamente superados.
Vencedor de etapa en Vuelta y Giro, usualmente era gregario y luego, por su solidez, él heredaba los galones que sus líderes no podían sostener. Su apogeo fue con Bahrain, bloque al que llegó en 2019 proveniente de BMC y con el que se despidió por decisión propia, ya que los directivos querían retenerlo. Al menos se unirá al staff en 2027.
Bauke Mollema ya no tenía lugar en el revolucionado Lidl-Trek, pero aún así se mantuvo allí hasta hace unos días, cuando colgó la bici con un récord en Il Lombardía. El neerlandés tuvo una carrera deportiva de 18 campañas, algo que pocos pueden soñar y que la nueva generación difícilmente consiga.
En su pico, el “tulipán” llegó a ser un vueltómano capaz de estar en la zona media del top 10 en grandes vueltas, así como un gran cazador de etapas cuando eso empezó a complicarse. Las clásicas también se le daban bien, puntualmente Lombardía o San Sebastián.
Llegados a este punto, entre tantos nombres que lo dejan, podríamos haber incluido a tantos otros. Pero Ben Swift se ganó a pulso el hueco en la lista por su larga carrera, que empezó a fines de 2007 y que lo llevó en 2010 a ser uno de los miembros originales del Team Sky.
Sprinter ganador en sus comienzos, se reconstruyó como especialista en escapadas -algo similar a Cort- y luego en gregario multiuso y capitán de ruta. Sus mejores resultados son los podios que logró en Milán San Remo en 2014 y 2016. También ganó parciales en citas como Down Under, Polonia, Romandía, País Vasco o California.
A lo largo de 18 campañas, formó parte de Sky y UAE, lo que confirma méritos de algún tipo porque no muchos logran semejante periplo en formaciones de esa envergadura.
El último es Alexey Lutsenko, un pedalista versátil que fue capaz de ganar en todo tipo de terrenos y, cuando se lo propuso, de pelear por la general en grandes vueltas. El kazajo hizo casi toda su carrera en Astana, conjunto al que regaló éxitos tan disímiles como parciales en el Tour, Vuelta o París Niza, la general en Omán o cronos en rondas de una semana.
En su mejor momento le propusieron probar correr de un modo conservador, algo que no le agradaba puesto que se la pasaba al ataque, y aún así consiguió ser 7º y 8º en dos ediciones seguidas de la Grande Boucle. Además, fue top 10 en clásicas como Lieja, Omloop o Strade Bianche, una evidencia más de su polivalencia.
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