Una edición más del Giro d’Italia llega a su fin y como es costumbre, elaboramos nuestro equipo ideal en una especie de juego sustentado con análisis. Este es nuestro ‘8’.
Jonas Vingegaard (Visma) 🇩🇰: Cumplió con los pronósticos e hizo honor tanto a la carrera como su prestigio. Tildado de frío por la desgracia de compartir con un talento de época, ha demostrado que plasma su superioridad ofreciendo espectáculo y no limitándose a ir a rueda de unos rivales inferiores. Sin él, esta habría sido una de las versiones más escandalosas-para mal- en la historia del Giro. Correcta su decisión de acudir aquí, redondea un palmarés ya brillante y conserva una vigencia que establece un patrón claro en rondas del género: hay tres velocidades, la segunda está completamente dominada por él.
Felix Gall (Decathlon) 🇦🇹: El mejor de los humanos que buscaron la general. Más cerca de Vingegaard en el inicio y conforme avanzó la cita, se igualó con los demás pero sin llegar a ser inferior. Muy consistente, empleó la montaña para compensar los daños en la crono y su subcampeonato nunca estuvo en discusión. Probablemente el único podio que logrará y muy meritorio.
Jhonatan Narváez (UAE) 🇪🇨: El segundo más fuerte de toda la carrera. Potenció un olfato killer que le permitió resolver cada oportunidad con una contundencia admirable. Sin decisiones equivocadas, intachable en su fuerza y utilizando todas sus virtudes a su favor, incluso peleó por la Ciclamino hasta su abandono. No hay que olvidar que esta fue su prueba de regreso tras una lesión delicada en enero.
Paul Magnier (Soudal) 🇫🇷: Una de las revelaciones. Más allá de su potencial era impensado que frente a velocistas de mejor presente (Milan o Lund) fuera a exhibir una superioridad tan clara. Gran noticia para su equipo, que tras la salida de Evenepoel, busca recobrar su antigua identidad, donde las clásicas en primavera y los sprints en grandes vueltas son su punto fuerte. Merlier sigue siendo el mejor sprinter del mundo y ahora Magnier emerge como sustituto a largo plazo y fondo de armario en la actualidad.
Afonso Eulálio (Bahrain) 🇵🇹: La otra revelación. Bien podía conformarse con su liderato transitorio y sin embargo, no sólo lo extendió por más de una semana -tras algunos parciales montañosos y la crono-, sino que no desconectó de la batalla por la general, que a la final le trajo una recompensa inesperada: la Maglia Bianca. Muy generoso en el esfuerzo, combativo y explorando nuevos límites.
Giulio Ciccone (Lidl-Trek) 🇮🇹: Podrá discutirse su comportamiento egoísta o la poca viabilidad de sus estrategias, pero la realidad es que fue el cazador de etapas montañosas más fuerte de la carrera. Presente en todas las fugas, siendo el último o de los últimos en ser absorbido por el lote -culpa suya no es que Vinge haya querido ganar casi todo- y con el balance de protagonismo/resultados. Sí, no ganó etapa, pero se vistió de rosa y se hizo con la montaña, además, hay que dar valor al corredor que día a día sale en televisión por horas, dando espectáculo, que a aquel que consigue mejores resultados pero no se percibe en carrera.
Davide Piganzoli (Visma) 🇮🇹: El mejor apoyo en montaña de Jonas. En muchas ocasiones estuvo por delante de gente que colmó el top-10 siendo jefes absolutos, sin dejar de lado los relevos para su líder cuando necesitaban romper las cosas cuesta arriba. Cumplió con su papel y le agregó una buena general.
Andreas Leknessund (Uno-X) 🇳🇴: Sabemos que así es el deporte, pero si existiera una justicia, él se habría marchado a casa con al menos un triunfo. Cada oportunidad se le escapó por tener menos piernas que los ganadores o por algún despiste táctico que otro sí supo capitalizar. Nunca dejó de intentar -sumó seis fugas-, sólo falló en pequeños detalles, pero volvemos al argumento anterior: el mérito cualitativo es equiparable al cuantitativo.
Ustedes, ¿a quién agregan y a quién sacan? Los leemos.
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