Tras el dominio de Pogacar, el Tour admite el fracaso en su diseño pero culpa a los ciclistas

(Tim de Waele/Getty Images)

Christian Prudhomme, el director del Tour, destacaba antes del inicio en Barcelona como la ruta de la edición 2026 estaba pensada para traer “suspenso hacia el final” y que “todo iba a ser posible hasta la última etapa de montaña”. Tadej Pogacar (UAE) rápidamente refutó esta idea: en la etapa 6, la primera de alta montaña, le sacó 2:38 a su principal competidor, Jonas Vingegaard (Visma), virtualmente sentenciando la carrera, de seguir la tendencia actual. Y las miradas empezaron a apuntar contra la organización.

Tras el dominio de Pogacar, el Tour admite el fracaso en su diseño pero culpa a los ciclistas

No era difícil suponer que, incluyendo un descenso y una subida final muy adecuadas al peso y potencia de Pogacar, la diferencia iba a ser grande si el esloveno lograba separación en el Tourmalet. Sin embargo, esto no fue tenido en cuenta y la competitividad de la carrera, pensando en el primer lugar de la clasificación, quedó completamente fuera de la ecuación.

Te puede interesar:

No fue siquiera suficiente que las principales etapas de alta montaña estén al final de la carrera, con los Alpes como protagonistas y una doble cita en la cima del Alpe d’Huez para decidir el ganador en el último momento. Pero, como el Tour comenzó en Barcelona, había que incluir alguna dosis de los Pirineos al principio del recorrido. Simplemente la tradición lo dicta. Es por eso que tras solo seis etapas, hubo una etapa en los Pirineos con dos grandes nombres como el Col d’Aspin y el Col du Tourmalet, este último la montaña más visitada en la historia del Tour de France.

El problema no pasa por incluirlos sino por el error de cálculo de los 40 kilómetros hasta la meta tras Tourmalet hasta Gavarnie-Gédre donde Pogacar sacó la mayoría de tiempo. Una opción que hubiera sido entretenida en otro contexto pero que no es la adecuada cuando hay un corredor (y un equipo) excesivamente por encima de los demás. Pogacar ganó 40 segundos en el descenso, y se añadieron otros 1:28 en ese largo tramo final hasta la meta, para alcanzar un total de 2:38 con 4 de bonificación en meta, y más de 3 minutos respecto a los demás favoritos.

Un recorrido pro-Pogacar

El propio Vingegaard comentó que el descenso y el arrastre del valle no le convenían, y aunque esto no debería ser una excusa, tiene razón por su contextura y potencia. Pogacar es superior en los descensos y es mucho más fuerte en solitario en pendientes que no constituyen una ascensión propiamente dicha. A eso hay que agregar el contexto: el danés no tenía ningún gregario que lo esperara en ese terreno, y los grupos de atrás que incluyen a otros rivales de Pogacar tampoco colaboraron bien entre ellos. Una receta destinada al desastre y a arruinar el Tour en, apenas, la sexta etapa.

Las críticas no se hicieron esperar y el diseñador de rutas del organizador ASO, Thierry Gouvenou, admite que la idea terminó siendo fallida y que no se preveía que se produjera una separación tan grande.”Teníamos algunas dudas sobre la dificultad de la sexta etapa, porque sabíamos perfectamente que el Tourmalet sería un momento decisivo”, declaró a TV 2 Sport. “Para ser sinceros, no esperábamos una diferencia tan grande, y pensábamos que las diferencias al final serían mucho menores”.

Te puede interesar:

“El problema no es la ruta”

El director técnico del Tour explicó entonces por qué decidieron incluir una etapa tan exigente tras solo seis días de competición. El hecho es que el Col du Tourmalet y el Col d’Aspin son fundamentales en la historia del Tour de France en los Pirineos. Para Gouvenou, excluirlos habría significado debilitar tanto el desafío deportivo como la identidad de la carrera.

 “Los espectadores no lo habrían entendido si, por ejemplo, hubiéramos cruzado los Pirineos con un puerto de montaña no demasiado difícil a mitad de la etapa y solo terreno llano después . Decidimos elegir la ruta que pasa por el Tourmalet y esperábamos que la diferencia fuera menor. Pero la diferencia fue enorme”, señaló. Sin embargo, el error no pasó por incluir o no Tourmalet y Aspin, sino por cómo se diseñó el final de etapa, algo que evita mencionar.

“En lo que respecta a la intriga, se podría decir que fue un fracaso. Pero eso también forma parte del ciclismo. Así es Pogačar. Es tan fuerte que cualquier ruta le viene bien”, admitió, desligandose un poco de lo que terminó siendo un error grave en el diseño. “Habría preferido que la carrera entre ellos hubiera sido mucho más igualada. El problema no es la ruta. El problema es la diferencia entre Pogačar y los demás”, concluyó. Tras esta etapa en Pirineos, la alta montaña recién regresará en la etapa 14 en los Vosgos.


Descubre más desde Ciclismo Internacional

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *