De lavar bicicletas a la caravana: El mecánico que se convirtió en director deportivo

(Matt Philips)

Hace unos meses se conoció la promoción de un masajista de Movistar al puesto de director deportivo. Pero esa historia, la de Juan Carlos Escámez, no es la única del género puesto que un mecánico de Pinarello Q36.5 ahora será director de esa formación, liderada por Tom Pidcock.

A sus 37 años, ha sido promovido por la formación en cuestión como director, rol en el que se estrenó en la Antwerp Port Epic. Pero antes, pasó por diversos apartados del ciclismo, comenzando por la competición y hasta el periodismo especializado.

El rechazo de los grandes equipos y el camino desde abajo

Luego quiso ser mecánico. “Le escribí a varios equipo, incluso Visma y Picnic”, recordó el neerlandés. “Siempre era lo mismo: que me faltaba experiencia”, continuó. “Pero terminé en Pinarello, donde aceptaron el reto, me incentivaron a aprender y luego también fui conductor. Hago un poco de todo”, explicó.

“Nunca oculté, y se los dejé saber, que quería ser director. Y el año pasado me enviaron a Suiza a hacer el curso. Allí logré mi licencia”, mencionó. “Si tenemos un segundo coche en carrera puedo manejarlo. También puedo acompañar a directores principales en citas grandes. Así aprendo paso a paso. Pero en el equipo aún me ven como mecánico, incluso si la UCI me dio mis papeles”, reflexionó.

La ventaja de conocer la caravana desde los boxes

Sin embargo, él ve eso como una ventaja. “Siendo mecánico sé a la perfección cómo manejarme en la caravana, cómo funciona todo detrás de escenas. Por ejemplo, compartí el curso con Niki Terpstra, que sabe mucho de ciclismo, pero nunca estuvo sentado en el coche. Y yo sé algunas cositas sobre eso…”, deslizó en Wielerflits.

Otro beneficio es que le ha tocado ser director en un coche sin mecánico, por lo que él mismo se bajó para asistir a los corredor. “Afortunadamente eso no pasa seguido. Es un caso extremo”, apuntó entre risas.

Como todo, su nuevo rol tiene cosas no tan positivas. “Ahora me toca adaptarme a manejar un coche por 260 kilómetros tras una escapada. Si en la mañana lavas bicicletas, entonces tus días son eternos. Aún así todo es disfrutable”, opinó con alegría.

Bonita historia por donde se la mire, ya que también es de elogiar la predisposición del equipo de darle una oportunidad, ayudarlo a forjar la experiencia que tantos otros piden y no consideran que se adquiere en algún momento, porque nadie nació sabiendo todo.

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