Jan Ullrich será recordado como uno de los mayores talentos de su generación, pero también como una de las figuras involucradas en uno de los escándalos de dopaje más severos de la historia, la Operación Puerto. El alemán ahora habla abiertamente de ello y confesó por qué nunca reveló detalles sobre los hechos.
En declaraciones a Inas Nacht, el germano fue contundente. “Pude haber hundido a todo el ciclismo en ese entonces”, lanzó. “Pero no lo hice por amor al deporte y porque no quise involucrar a nadie más”, añadió el por entonces líder del T-Mobile.
Ullrich negó su dopaje durante años pese a que fue excluido el día previo al inicio del Tour 2006 y, meses después, se retiró. Recién en 2023, recuperado de problemas de adicción, reconoció su participación en la red de dopaje dirigida por Eufemiano Fuentes.
Respecto a la misma no se sabe más que lo que hasta ahora fue revelado a los medios, con muchos protagonistas de la misma todavía anónimos o tapados, y tantos otros condenados aún sin que sus casos hayan sido oficiales.
“Nos adaptábamos a lo que hacían los demás”: la era del T-Mobile y Telekom
Como tantos otros, Jan habló de lo que sucedía como algo masivo, y difícilmente mienta al respecto, porque por algo se dejaron desiertos los títulos del Tour que se le quitaron a Lance Armstrong. “Nos adaptábamos a lo que los otros hacían”, tiró.
Posiblemente ese haya sido el caso en los años en los que el US Postal hegemonizaba el ciclismo, pero en los 90 fue su propia escuadra, el Telekom, la que encabezaba la logística para hacer trampa, con toda la plantilla volando y hasta sprinters que de pronto escalaban montañas.
Para Ullrich, al usar lo mismo que los demás, entonces la diferencia estaba en lo que cada atleta realmente tenía dentro. “Todo se reducía a talento y habilidad si todos hacían lo mismo”, opinó. Y enseguida reconoció que se arrepentía de muchas cosas, pero no de haber hecho trampa.
“El dopaje me costó diez años”: del pozo personal al ciclismo moderno
No obstante ello, aseguró que como resultado de sus prácticas, luego vinieron los peores momentos de su vida. “Fue una época horrible, me destrozó, el dopaje me costó diez años”, aseveró. El teutón hace alusión a la depresión que sobrevino a su retiro, el abuso de drogas y alcohol y la pérdida de su familia. Allí fue Lance Armstrong, su histórico rival, quien más lo ayudó a salir del pozo, pagando por sus tratamientos y visitándolo seguido.
Como ícono del ciclismo y de una era nefasta, Ullrich luego opinó sobre lo que este deporte vive actualmente. “Al menos, lo que nosotros hicimos mal en ese entonces ha dejado como resultado un ciclismo más limpio ahora”, indicó.
“Quiero creer que todos están limpios”, aventuró, pero no se atrevió a asegurarlo. Pero a modo de ejemplo, habló de cómo lo que ellos obtenían de las drogas ahora se consigue entrenando. “Tres semanas en la altura pueden generar el mismo efecto que la EPO que usábamos nosotros”, comparó.
En resumen, el complejo sistema de dopaje de esos años es el que ha derivado en los sofisticados y estrictor protocolos de control, como los tests nocturnos que tanta controversia causaron en el último Tour.
En los años de Armstrong y Ullrich, cuando las transfusiones estaban a la orden del día, se usaban los baches de tiempo para “llenar el tanque” o, caso contrario, para limpiarse. Los equipos estaban detrás y tenían todos los trucos bajo la manga porque estaban siempre por delante.
Ahora, al menos hasta que se demuestre otra cosa, los tests, el pasaporte biológico y la independencia de quienes los llevan a cabo, están encima del ciclismo mismo y lo han convertido en el deporte más limpio y controlado del mundo.
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