El ascenso final al Blockhaus en la séptima etapa del Giro de Italia, dejó una imagen de contrastes entre la audacia de la juventud y la frialdad de la experiencia. Giulio Pellizzari, una de las figuras más observadas del pelotón y segundo en discordia al título final al menos en los pronósticos, tuvo un día de aprendizaje que seguro le traerá beneficios.
Pellizzari y su contraste con Gall: “Me equivoqué al seguir a Vingegaard”
Jonas Vingegaard lanzó su ofensiva y el italiano no dudo en responder. Sin embargo, el esfuerzo terminó por pasarle factura en los últimos kilómetros. “Cometí el error de seguir a Jonas. Es una lástima porque me sentía bien. Tuvo una salida muy fuerte, pero luego no pude seguirle el ritmo”, confesó el italiano tras cruzar la línea de meta, admitiendo que la ambición del momento nubló ligeramente su estrategia.
Pese al tiempo cedido en el tramo final, Pellizzari prefiere enfocarse en el aprendizaje y en el panorama general de la clasificación. El corredor italiano reconoció que, aunque perdió un minuto respecto a la cabeza, las sensaciones físicas siguen siendo positivas para enfrentar lo que resta de competición. “Al final perdí un minuto, no está tan mal. El objetivo sigue siendo subir al podio”, aseguró con determinación. Para él, haber intentado medir fuerzas con el líder de la carrera no fue un fracaso total, sino una “lección aprendida” que marcará su forma de correr en las próximas etapas de montaña.
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Gall y una estrategia opuesta
En el extremo opuesto de la gestión táctica se encontró Felix Gall. El corredor austriaco, apoyado por un sólido bloque, optó por la prudencia cuando el ritmo de la carrera se rompió. Gall destacó el papel fundamental de su equipo para mantenerlo protegido durante toda la jornada: “Llegamos al pie de la subida a un ritmo muy alto gracias al trabajo de Visma. Gregor Muhlberger hizo un trabajo extraordinario y me protegió del viento, pero todo el equipo me echó una mano”, señaló, subrayando que el éxito de su etapa se cimentó en el ahorro de energía previo al puerto definitivo.
La diferencia de resultados radicó en la capacidad de Gall para asimilar la superioridad de Vingegaard sin entrar en pánico. Aunque admitió, que inicialmente sintió frustración al ver cómo se marchaban los líderes, supo reaccionar a tiempo para salvar la posición. “Cuando Vingegaard se escapó, al principio me decepcionó no poder seguirle a él y a Pellizzari. Pero mantuve mi ritmo y al final todo salió bien; creo que hice lo correcto”, concluyó Gall. Al final, la jornada dejó dos lecturas claras: la valentía de Pellizzari que aprende sobre la marcha y sigue mostrandose inexperto, y la madurez de un Gall que supo regular sus fuerzas y no entrar en una batalla perdida.
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