Con 19 años, Paul Seixas es el debutante más joven del Tour de France en casi 100 años y, al mismo tiempo, se convirtió tras la etapa 14 en el más joven de la historia en ser el líder de alguna de las clasificaciones (en su caso, el de mejor joven). Su futuro, de seguir su trayectoria, será brillante. No fue el caso de todos los jóvenes que tuvieron la chance de ir al Tour de France. Maxime Chevalier, en la edición 2020, fue el corredor de menor edad. Pero su equipo desapareció dos años después y hoy trabaja como chofer de la Embajada de Francia en Dinamarca, dejando atrás lo que era su “trabajo soñado”.
Hace seis años fue el más joven del Tour, hoy es un chófer de embajada
Chevalier, hoy de 27 años, ahora es conductor en la Embajada de Francia en Dinamarca. Se quedó en la calle luego del polémico cierre del equipo B&B Hotels. El director, Jérome Pineau, les prometió a los corredores que la escuadra iba a seguir y que incluso consiguió un sponsor nuevo para fichar a Mark Cavendish. Pero todo se derrumbó y los ciclistas se quedaron sin equipo en diciembre de 2022, momento en donde las escuadras prácticamente tienen cerradas sus plantillas.
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El ciclista había sido el más joven del Tour de France 2020 a los 21 años, incluso más joven que Tadej Pogacar que debutaba (y triunfaría) en la edición de ese año. En septiembre del año pasado consiguió este nuevo trabajo en la embajada en Copenhague. “En el fondo, sabía perfectamente que al apagar el iPad durante la videollamada, todo había terminado”, recordó en una entrevista con Le Télégramme sobre el momento del cierre. El escalador intentó aferrarse a su sueño y se unió al club amateur Laval Cyclisme 53 con la esperanza de volver al ciclismo profesional, pero eso nunca fue posible.
“Cuando empecé a llorar sobre la bici, ahí está el final”
“Ya no tenía la misma motivación que cuando tenía 18 años. Tres años en el pelotón profesional cambiaron por completo mi forma de correr; me convertí en una máquina. Y seamos sinceros: cuando pasas de ser profesional, de correr el Tour de France, a carreras amateur… Era muy difícil ir a entrenar todos los días, fingir que nada había cambiado. Me esforcé al máximo. Cuando sales a entrenar y lloras sobre la bici, ahí está el final. No me arrepiento, lo intenté”, contó. Solo compitió en seis carreras hasta que se rindió.
Su mundo se había derrumbado. “Mis padres vieron que estaba empezando a hundirme. Creo que mi madre lo estaba llevando muy mal. No tenía mucho sobrepeso, pero había adelgazado y ya no sonreía. Un día, mi padre me dijo: “Tienes que tomar una decisión, tienes que parar”. Fue una liberación». Me costó un tiempo pasar página, pero logré seguir adelante. Hoy me doy cuenta de que no estaba bien, quizás incluso deprimido. Agradezco a mis seres queridos”.
Tras finalizar su carrera ciclista, el camino para reconstruir su vida se presentaba incierto. Después de algunos trabajos temporales, siguió a su pareja, una funcionaria que vivía en Estocolmo, Suecia. “Pasar de un trabajo que me apasionaba a no tener nada, y luego mudarme, el cambio fue brutal. Pero estar desempleado no va conmigo”, continúa el hombre que también consiguió un puesto temporal de unos meses en los archivos de la Embajada de Francia en Estocolmo. “Solía pasar horas en un sótano… Pero me alegro de haberlo hecho, así valoro aún más el puesto que tengo ahora”.
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Su nuevo trabajo, lejos del ciclismo
Luego consiguió un contrato en la Embajada de Francia en Dinamarca. Explica sobre su rol: “Mi prioridad es conducir al embajador y a los demás departamentos de la embajada. También he llevado a dos ministros en sus viajes. Además, me encargo de la jardinería; cuido las zonas verdes, pero también gestiono el correo entre el consulado y la embajada, el centro de reciclaje… Es bastante versátil, y lo agradezco porque no estoy encerrado en un escritorio. He encontrado un trabajo que me gusta. Me gusta ir a trabajar, y creo que eso es un lujo en la vida. Es un tópico, pero cuando has pasado por dificultades, valoras las cosas sencillas”.
Aún tiene contacto con la bicicleta. Copenhague es una capital de excelencia para ir en bicicleta y Chevalier pedalea hacia su lugar de trabajo. Pero eso sí: todavía no volvió a una bicicleta de ruta. “He tenido que volver a subirme a una bicicleta de montaña tres veces con amigos, pero no echo de menos la carretera. Si viviera en un país montañoso, tal vez se me habría pasado por la cabeza… Mi relación con el deporte ha cambiado; necesito practicarlo a diario. Disfruto mucho corriendo. Cuando digo que me he reconciliado, es porque puedo ver ciclismo sin emocionarme ni sentirme mal ni ansioso. Al principio, era un poco así. Mi lugar era la bicicleta. Sentía que no había podido demostrar mi valía Hoy, sigo los grandes eventos y los resultados. Ya no me entristece”, concluyó sobre su historia.
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