Seguramente muchos recuerden al equipo Vini Zabú, formación de la segunda división italiana que en su corta historia fue sinónimo de escándalos de dopaje, entre otras cuestiones. Es que además, sus directores fueron acusados y condenados por cobrar dinero a los corredores para darles la posibilidad de competir con ellos.
Luego de muchas idas y venidas, el año pasado se condenó a cinco años de suspensión para ejercer funciones a los directores Angelo Citratta y Luca Scinto por haberse demostrado que habían violado las normas relativas a la integridad y lealtad deportivas al forzar a los corredores a pagarse una plaza.
La cuestión es que los hechos prescribieron y ambos fueron absueltos. Aún cuando muchos corredores declararon que devolvieron parte de sus salario para poder competir. Los investigadores incluso hablaron de “un sistema criminal” y, en el argot judicial, el caso fue conocido como “pagar para correr”.
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El problema es que el caso duró demasiado porque recién se llegó a un veredicto en el verano de 2026: una suspensión de cinco años y una multa de 5000 euros para cada directo. Pero estos apelaron al Tribunal Federal de Apelación de la Federación Italiana de Ciclismo.
Y su accionar tuvo éxito, porque el tribunal determinó que debían ser absueltos por los hechos sucedidos en 2016. Básicamente, fueron liberados de sus cargos por los sucesos de 2016 ya que el plazo legal había expirado, según informa TuttoBici.
De todos modos, los procedimientos judiciales ordinarios iniciados en el Tribunal de Pistoia —que afectan tanto al exmánager general como al exdirector deportivo del entonces equipo Vini Zabù Brado— aún no han concluido.
También es oportuno recordar que no fueron los únicos protagonistas y/o equipos en esa situación, ya que incluso estuvo bajo sospecha el Androni de Gianni Savio, aunque en su caso no se determinó culpabilidad alguna.
Empresas fantasma, acoso y dopaje: el nefasto entramado que hundió al Vini Zabù
Volviendo a Vini Zabú, vale la pena mencionar que la estructura no solo tuvo un sistema de dopaje sistemático sino también presiones psicológicas y acoso hacia los ciclistas. No es una novedad la existencia de ciclistas que pagan por correr en la segunda división en el ciclismo, pero este equipo italiano lo llevó más allá. Los corredores se inscribían a través de una empresa fantasma con sede en Irlanda, pero solo con la condición de que adelantaran sumas de dinero o se comprometieran a devolver parte de sus salarios.
En algunos casos, como se revela en los documentos, los atletas habían recibido, también a cambio de una tarifa, una licencia profesional obtenida mediante métodos corruptos de federaciones extranjeras obedientes, simulando traslados de residencia que nunca se llevaron a cabo. Se trata de un esquema financiero espurio mediante el cual la escuadra, careciendo de recursos para pagar salarios, lograba visibilidad y acceso a sponsors.
Todo esto llevaba a que ciclistas sin las habilidades necesarias llegaran al mundo profesional y, como si fuera poco, al no tener el nivel necesario se veían obligados a recurrir al doping. Los procedimientos penales inciados por la Fiscalía fueron contra diez personas: siete ciclistas y un director deportivo por cargos vinculados con doping, y tres personas acusadas de extorsión en relación con el esquema mencionado de “pagar por correr”.
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