Tadej Pogacar (UAE Team Emirates) virtualmente sentenció el Tour de Suiza en la primera etapa antes siquiera que llegara a Suiza, pues dicha jornada se desarrolló mayormente en territorio italiano. Con un ataque a 70 kilómetros de meta le terminó sacando 2:14 en meta al segundo, Richard Carapaz (EF). Enseguida empezó el cataclismo por redes sociales y algunos analistas de que el Tour de France ya está acabado antes de que inicie. No hay dudas de que el esloveno arrancará como máximo favorito. Sin embargo, hay que relativizar algunas cuestiones de su performance de ayer.
¿La exhibición de Pogacar dio más miedo de lo que debería? “La diferencia se dio por el calor y porque se compitió más por el segundo lugar”
Por un lado, la propia startlist del Tour de Suiza: con excepción, si encuentra buenas piernas en la Grande Boucle, de Carapaz, ninguno de los ciclistas que participa como líderes y que repetirá ese rol en el Tour de France tiene grandes chances de finalizar en un top 10 en el próximo Tour. El hecho de que hayan venido Pogacar y Mathieu van der Poel no tapa de que se trata de una de las peores plantillas para Suiza en los últimos años. Es cierto que Pogacar puede representar un riesgo para los ataques en llano y, posiblemente debido a eso, Visma – Lease a Bike llevará una plantilla con gran foco en rouleurs.
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Y a esto se le añaden dos hechos más que fueron mencionados por el director deportivo de Uno-X, Christian Andersen. La diferencia de Pogacar fue “inflada” por varias circunstancias propias de carrera. Andersen seguía la carrera desde el coche del equipo noruego cuando Pogacar aceleró para alcanzar al fugado de la escuadra, Fredrik Dversnes, en la subida a Triangia. El esloveno se unió brevemente al noruego antes de continuar sólo con su habitual aceleración en la cual no se para ya sobre pedales.
“Demostró su fuerza y de lo que es capaz, pero también creo que las diferencias se hicieron aún mayores debido al intenso calor”, declaró Andersen a Feltet. Andersen tiene un punto: Las temperaturas superaron los 30 grados durante la etapa, con poco viento y sombra que ofrecieran alivio, condiciones que difieren enormemente de los campos de altitud en los cuales varios corredores provienen.
Otra debilidad que quedó en el pasado
Esto también refleja que Pogacar ha resuelto uno de sus problemas que tenía en su versión pre-2024 antes de su llamativo salto: sus dificultades en el calor, cosa que él mismo admitió en una entrevista en este Tour de Suiza. “Mis compañeros me cuidaron muy bien. Mantener baja la temperatura corporal era clave, y lo conseguimos. El equipo ha progresado mucho con el tipo de botellas que usamos y la forma en que se organiza la refrigeración”, dijo Pogacar. “Ya no sufro golpes de calor en medio de una carrera, algo que me ocurría con más frecuencia antes”.
“Hacía más de 30 grados. Y justo ahí, donde alcanzó a Dversnes, la situación era realmente mala. El aire estaba casi completamente en calma y el calor caía directamente sobre los ciclistas. No muchos ciclistas aquí están acostumbrados a competir con ese calor este año. No digo que él no sufriera también por el calor, pero la diferencia se hizo mayor por eso”, explicó Andersen.
El problema del segundo grupo
El segundo factor que se dio fue la falta de cooperación y voluntad en el segundo grupo. Un hecho que ciertamente no va a ocurrir en el Tour de France con corredores que no se conforman con un puesto sino que apuntan a la victoria como Jonas Vingegaard, Remco Evenepoel o Paul Seixas. El hecho de que Carapaz pudiera mantener una acción en solitario por 50 kilómetros es testimonio de esta falta de voluntad. “Los ciclistas, no diría que se estaban rindiendo, pero quizás competían más por el segundo y tercer puesto que por la victoria. Pogacar no solo era el favorito antes de la carrera. Prácticamente fue declarado ganador antes de la salida”, indicó Andersen.
Esta indecisión le terminó conviniendo a Pogacar ayudando a generar un número más espectacular de lo que sería en condiciones normales. “El grupo que venía detrás no siguió presionando para alcanzarlo. No fue una persecución organizada”, dijo. “También vimos a Carapaz y Andrea Bagioli atacando. Creo que eso también amplió la brecha.De lo contrario, no habría podido llegar a la meta así hoy. No quiero restarle mérito a lo bueno que es, pero hay algo más que eso”.
Rivales frustrados y la imposibilidad de competir con un UAE de presupuesto infinito
Otro factor es la ausencia de grandes bloques de equipos que favorezca la cooperación y que pudiera hacer frente a un UAE que tenía a Brandon McNulty, Tim Wellens y Jhonatan Narváez en ese segundo grupo capaces de neutralizar todo tipo de movimiento.
Uno de los que más cuestionó esta indecisión de los corredores de atrás fue el ex corredor y analista Thijs Zonneveld.”Gana segundos en una pequeña subida, aprieta un poco y ya está. Nadie hace un intento desesperado, ni un equipo empieza a rodar en cabeza”, dijo en el podcast In de Waaier. “No, llega a la meta a ritmo de entrenamiento. Estaba fresco como una lechuga. Todo el mundo se rinde cuando Pogacar se distancia por un minuto. Es la consecuencia de tal dominio”.
Uno de los que reflejó esa frustración fue Tisej Benoot (Decathlon CMA CGM), uno de los que paradójicamente más trabajó en el grupo para su compañero, Matthew Riccitello. “Incluso si hubiéramos pedaleado, no lo habríamos alcanzado. Es difícil competir cuando alguien está tan por encima del resto”, declaró a HLN. En conclusión, varios factores conjugados que llevaron a ver a un Pogacar más dominante de lo habitual.
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