En un circuito que muchos decían era para escaladores, hubo clasicómanos que resistieron como Mathieu Van der Poel o Mads Pedersen. Este último reveló su estrategia para llegar a estar en posición de pelear por las medallas, aunque en la definición se quedó corto.
El danés corrió de modo sumamente inteligente, sin entrar al paño cuando los rivales aceleraban en la cota principal. “Estuve todo el día en el límite, medio punto por debajo”, le dijo a Eurosport apenas finalizó la competencia en 6º lugar, dentro del grupo que encabezó Isaac Del Toro, a 14 segundos del campeón.
“Necesitaba correr así. No habría podido seguir esos ataques, especialmente en la cota larga. Tuve que mantenerme en mi propio ritmo”, amplió el danés, quien heredó los galones absolutos de su patria cuando Jonas Vingegaard y Mattias Skjelmose confirmaron sus respectivas bajas.
“En Zúrich los que se pasaron de rosca lo pagaron”: la lección de Pedersen en las cotas
Pedersen fue como un fantasma, a menudo ni se lo veía en las imágenes televisivas, evidentemente porque quedaba cortado cuando los otros apretaban. Pero él siguió regresando, siempre a su paso, sin entrar en pánico, ni en la zona roja.
“Ese era el plan. Era una apuesta, mantenerme al límite y seguir regresando”, confirmó. “Recordaba que en Zurich los que fueron por encima del límite lo pagaron luego. Lo mismo sucedió aquí y en el cierre terminé peleando por las medallas”, analizó.
Mads estaba en lo cierto, porque los que lucían como más fuertes en la persecución detrás de Brandon McNulty fueron cediendo de a poco. Tampoco es que él fuera sobrado, pero su inteligencia pagó dividendos. “No me quedó nada en el tanque”, soltó.
“Creo que demostré con mi resultado. Era más de lo que esperaba, con este recorrido, con esa cota larga, que está por encima de mis límites. Estoy orgulloso, fue bonito”, finalizó el versátil ciclista, quien cuando está en forma pelea con los mejores del planeta en casi cualquier terreno.
El tercer hombre de las clásicas vuelve a responder ante la ausencia de Vingegaard
A su conocida capacidad de entrenamiento le suma una inteligencia fuera de lo usual y un conocimiento de su cuerpo que, por ejemplo, lo llevó a bajarse justo a tiempo de la Vuelta a España cuando estaba enfermo. Skjelmose no lo hizo y luego tuvo que renunciar a Montreal.
Una vez más, quien los últimos años fue casi siempre el tercero en discordia detrás de Tadej Pogacar y Mathieu Van der Poel en las clásicas, sacó a relucir su chapa en Canadá y logró más que muchos de los que eran considerados favoritos.
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