En 2025 todo cambió para Jasper De Buyst, quien no tomó la salida en la quinta etapa del Tour de France en lo que en ese momento se oficializó como “enfermedad”. Pero como él mismo aclara, no estaba enfermo sino que tenía un problema cardíaco que ahora parece superado y del que quiere hablar porque parece algo prohibido en el ciclismo.
“Mi corazón se disparó a 190 latidos antes de correr”
“Mi ritmo cardíaco comenzó a fluctuar. Antes de la etapa 3 se disparó a 190 y esa tarde nuestro médico contactó a un cardiólogo que nos recomendó no entrar en pánico. Pero dos días después, al despertar, mis pulsos comenzaron a volverse locos nuevamente”, narró el pedalista de Lotto Intermarché, que está pronto a volver a competir, en junio.
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“En el hospital estuve dos días en los que me dieron vuelta por completo sin encontrar nada, así que seguí con mi vida normalmente. Pasaron meses así”, continuó. “El día previo a la Omloop, tras un entrenamiento de tres horas, realicé una hora más de entrenamiento al calor y cuando abrí la heladera un rato después sentí que me iba a desmayar”, rememoró.
“Primero pensé que era por el entrenamiento al calor propiamente dicho. Pero en las horas siguientes empeoró. Mi corazón latía a un ritmo diferente cada momento, así que fui al médico y me dijo que tenía un desorden cardíaco que debía irse en las siguientes horas”, comentó Jasper.
“Al día siguiente era peor. Los médicos acabaron por diagnosticarme una fibrilación auricular. Es un trastorno en el que ventrículos y aurículas dejan de funcionar en armonía. Mis aurículas latían entre 150 y 200 latidos por minuto”, reveló.
“Como llevaba 24 horas con ese ritmo cardíaco irregular y existía riesgo de coágulos sanguíneos o un derrame cerebral, decidieron restablecer la armonía de mi corazón mediante una descarga eléctrica”, confesó De Buyst, que fue sometido entonces a una ablación.
¿Qué es una ablación?
“Este procedimiento implica que el médico llega al corazón a través de la ingle y quema las células que producían el problema”, resumió el ciclista en sus propias palabras. “Luego se hace una cicatriz para evitar que se repita”, añadió. A continuación contó que los problemas regresaron más adelante y se sometió a nuevos estudios que concluyeron que su intervención había sido correcta pero requería más tiempo de evolución.
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Y enseguida habló abiertamente de cómo este tema es casi un tabú en el pelotón. “No quiero dar nombres, pero conozco al menos a siete ciclistas que se sometieron a una ablación. Usualmente estos problemas se solucionan fácil”, lanzó.
“Sólo puedo hablar por mí, pero según el médico, en deportes de resistencia hay mas chances de que se disparen. En mi situación, recomendaron que no corra otros 10 años, pero no es mi intención, tengo 32”, acordó.
De Buyst también aclaró por qué su problema no lo forzó al retiro como a otros. “Cuando la anomalí está confinada a la aurícula suele ser relativamente benigna. En cambio, cuando son en el ventrículo es más serio”, enfatizó.
“Pensé en retirarme porque tengo dos niños, entonces consulté a los médicos y me dijeron que no debía preocuparme”, descubrió el pedalista. “En junio se cumplirán los tres meses posteriores a la ablación. Ya estoy entrenando cuatro por día y elevando la intensidad de a poco. Mi pulso en las mañanas todavía es algo superior a lo que debería”, reconoció.
“Todavía tengo ganas de correr, apoyo de mi familia y contrato hasta fin de año. Pero la realidad es que hay un asterisco junto a mi nombre. Quiero demostrar que puedo, creo que aún soy uno de los mejores lanzadores del mundo y quiero estar en la pista de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles”, advirtió en HLN.
Veremos si lo consigue y, en su caso, se valora que hable abiertamente de un tema que suele ser casi prohibido. En parte porque tener una afección del género es prácticamente una sentencia en deportes de resistencia, y por otro lado porque esas cuestiones -en el pasado- fueron estrechamente vinculadas al dopaje.
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