Tour de France 2027: Una ruta descafeinada y “anti-Vingegaard” que apunta a la batalla por el segundo puesto

Remco Evenepoel (Red Bull) y Jonas Vingegaard (Visma) en la Volta a Catalunya 2026 Remco Evenepoel (Red Bull) y Jonas Vingegaard (Visma) en la Volta a Catalunya 2026 (Szymon Gruchalski/Getty Images)

“Una ruta anti-Pogacar”: así muchos medios de comunicación especializados describieron la ruta del Tour de France 2027 que, tras tres ediciones flojas a nivel de espectáculo en la clasificación general, buscará volver a mezclar las cartas con la inclusión de menos montaña (sólo habrán 3 finales en alto) y con la inclusión de dos contrarrelojes individuales de 71 kilómetros. La realidad es que no existe una ruta anti-Pogacar -cayendo en el error, además, de pensar que no es un corredor que no se sepa manejar en una crono- y que el objetivo de la organización es, nuevamente, crear una falsa ilusión de competencia: esta vez intercambiando a Jonas Vingegaard con Remco Evenepoel. Con el problema de que Evenepoel está aún más lejos de Pogacar en donde siempre se define un Tour: en la alta montaña.

Tour 2027: Una ruta descafeinada y “anti-Vingegaard” que apunta a la batalla por el segundo puesto

Cabe aclarar primero que los ciclistas siempre son los que definen la carera. Las últimas ediciones tuvieron rutas muy aceptables y prometedoras. Y, sin embargo, con el dominio del esloveno, la competitividad a nivel de clasificación general -lo más importante a la hora de juzgar un Tour- fue mediocre, cayendo en el punto más bajo en la última edición del Tour de France 2026 donde, como si fuera un criterium de aficionados, Pogacar dejaba ir a Evenepoel para triunfos parciales (y para que este ganara una falsa confianza), mientras protegía el tercer puesto de Isaac del Toro, tomándose de las manos en meta. Todo lo opuesto a una verdadera batalla que es lo que los amantes del ciclismo quieren ver.

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La ruta del Tour de France 2027 tiene muchas falencias, quizás más puntos negativos que positivos, pero ¿Realmente puede haber algo peor que lo visto en la última edición?  Vamos por el punto. Por un lado hay un claro problema a la hora de pensar en la accesibilidad del deporte a las nuevas audiencias. La mayor cantidad de espectadores mirá las etapas los fines de semana. Sin embargo 5 de las 8 jornadas previstas para los sábados y domingos son de sprints, y unicamente una (la etapa 9) de alta montaña. 

Etapas de alta montaña que son excesivamente escadas. Nadie cuestiona que se incremente el kilometraje de contrarreloj, que fue un reclamo en las últimas ediciones (si bien es necesario encontrarle una vuelta de tuerca a la forma de transmitir estas etapas para evitar que sean tan acartonadas) pero ahora se llegó a un extremo opuesto. Los grandes ascensos de los Alpes son evitados. Y los Pirineos contarán con únicamente dos etapas.

El Tour descarta a Vingegaard como mayor rival para pensar en Evenepoel

El mayor perjudicado de esta situación es, paradójicamente, el corredor que más se acerca a Pogacar en la alta montaña y que sigue estando varios pasos por encima de Evenepoel en ese terreno: Jonas Vingegaard. No solo perderá tiempo contra Pogacar en las pruebas contra el tiempo sino que Evenepoel podría sacarle hasta 3 minutos en ambas cronos, sin tener suficiente terreno montañoso para quizás poder revertir ese déficit. En cambio con Pogacar el déficit -que venden muchos medios como una ruta “anti Pogacar- será mínimo: el año pasado, perdió aproximadamente 1 segundo por kilómetro con respecto a Evenepoel en la etapa 16. En 2025, cuando la contrarreloj se celebró en la primera semana, el esloveno solo perdió 16 segundos en 33 kilómetros con respecto a Evenepoel. 

Y aquí está el punto. El recorrido del Tour de France 2027 tiene dos objetivos: lograr una falsa ilusión de que Evenepoel está “cerca” de Pogacar hasta la etapa 18 de Portet. No hace falta decir porque hablamos de “falsa”: Pogacar le sacó más de 6 minutos a la mejor versión de Evenepoel en una montaña, cosa que no se puede dar por sentada -con sus reiteradas inconsistencias- que vuelva a aparecer en 2027.

Y, por otro lado, generar una batalla por el segundo puesto. Un puesto que ya no tiene garantizado Vingegaard. Porque no es solo a Evenepoel a quién tendrá que mirar de reojo sino también a Paul Seixas: el joven francés no solo destaca en la contrarreloj (fue tercero en el último Mundial) sino que hay pocas etapas de montaña con ascensiones de más de 25 o 30 minutos, algo que sin duda le ayudará en su recuperación y resistencia. Aún así, el incremento de crono, no lo ayudará mucho en relación a Pogacar.

Vingegaard y la batalla contra sus limitaciones

Vingegaard deberá endurecer lo máximo posible etapas como la 11 y la 18 con su equipo y, aún así, tampoco es una garantía que logre compensar sus demás pérdidas, si bien Evenepoel no está cerca del nivel del danés en la alta montaña.

Porque la realidad -que no muchos quieran admitir- es que Vingegaard, si bien es el segundo mejor vuelománo del mundo- es un ciclista que en los últimos años se volvió más limitado. Y no hablamos específicamente de su aversión a las carreras de un día, sino que su “ventana de funcionamiento” en grandes vueltas también es cada vez más pequeña fuera de las largas cuestas empinadas. Sus contrarrelojes en el llano, tras su grave caída en Itzulia 2024, ya no son las mismas, siendo paradójicamente la de la etapa 21 del Tour 2024 la última de un nivel destacable.

Lo mismo se puede decir de su capacidad en el descenso: de equiparar o incluso ser ligeramente mejor que Pogacar en el área en 2023, pasó a ser muy discreta, hasta tal punto que le perjudica cualquier cosa que no sea un final en alto a la hora de pensar una etapa de montaña. ¿Un ejemplo claro? La etapa 5 del Tourmalet en el último Tour de France. El descenso, el valle intermedio y el último puerto averso a sus características convirtieron una desventaja que originalmente era de 20-30 segundos contra Pogacar a una de más de dos minutos. Para tener chances, Vingegaard necesitará incrementar su potencia absoluta: ser más ligero para mejorar los vatios/kilo no será suficiente, tal como mostraron las últimas ediciones.

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Otros problemas de la ruta

Pero más allá de esta intención de los organizadores de generar batalla por el segundo lugar, hay otras falencias que no se comprenden por parte de la organización:

  • Reintroducir un sprint en la etapa 20, cerrando de facto la clasificación general en la etapa 19. Quizás el error más grosero de todo el diseño.
  • Dos contrarrelojes prácticamente idénticas en kilometraje y perfil: una de 38 km, otra de 33 km. Se podría haber hecho una de ellas como crono escaladas o un mayor contraste en kilómetros para evitar que tengamos un espejo total en los resultados de ambas jornadas.
  • Si bien se reintroducen los Pirineos vascos, se los utiliza de forma mínima en una etapa 19 que se queda muy corta y que tiene uno de los diseños más cuestionables de una jornada de alta montaña. Apenas hay 7 kilómetros de escalada en los últimos 60. 
  • Antes de la contrarreloj en la etapa 7, hay pocas oportunidades de marcar grandes diferencias en la clasificación general. Con jornadas al sprint o para puncheurs, hay un gran riesgo de caídas por un pelotón nervioso.
  • Sigue la total ausencia de gravel o pavé. La última ocasión fue en 2022.
  • Del mismo modo, tras las reiteradas críticas de ASO a los velocistas y a los equipos en dichas jornadas, habrá paradójicamente un gran incremento en etapas llanas.

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