Este tipo de artículos no deberían ser necesarios pero lamentablemente lo son ya que algunos de los mayores divulgadores de ciclismo en televisión y en medios masivos intentan instalar una idea de la disciplina completamente equivocada y fuera de realidad. Son los mismos divulgadores que no saben pronunciar los nombres de los corredores, no tienen la menor idea de estrategia, promueven un nacionalismo atroz que arruina la viabilidad del ciclismo como producto, y, con suerte, saben que una bicicleta solo tiene solo dos ruedas. Nuevamente uno de los cuestionados ha sido Jonas Vingegaard (Visma – Lease a Bike) por cómo venció la etapa 9 del Giro d´Italia, e incluso se habló de “polémica”. La realidad es que nunca existio tal controversia.
Una conveniente amnesia del contexto del Giro
Primero iniciamos del contexto mayor o la “big picture” de este Giro. Al contrario de Gall, Giulio Pellizzari, Thymen Arensman, Egan Bernal y básicamente todos el resto de favoritos, Vingegaard no llega en pico de forma a esta carrera. Parece algo obvio y que no hace falta explicarlo: consciente de que estando al 70% o 80% es posible ganar el Giro dado el nivel de competencia, el foco tanto del danés y de Visma – Lease a Bike es el Tour de France.
¿Es posible ganarle a Pogacar? Las chances, salvo inconvenientes del esloveno, son mínimas ya que no hay nada que sugiera que Vingegaard haya recortado la brecha que Pogacar abrió en 2024. Pero la prioridad del corredor, equipo y patrocinadores es obviamente el Tour. Y eso es algo que, como espectadores y analistas, hay que destacar a fin de cuentas. Es mejor ver un mínimo de disputa que observar a un Pogacar cerrando el Tour a las primeras. Ya fueron bastante tediosas las últimas dos ediciones que no le llegan ni a las sombras a las de 2022 y 2023 a nivel espectáculo.
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La propia escuadra habla de que “dominar no es un objetivo” asi que olvídense de ver solos de 40 kilómetros, o seis victorias de etapa, o una diferencia de nueve minutos como Pogacar lo hizo en 2024 (la cual, dicho sea de paso, la logró en una startlist cuyos mayores rivales eran Daniel Felipe Martínez y Geraint Thomas). Porque simplemente Vingegaard no es Pogacar y no posee la capacidad de estar en un 100% de plenitud de forma todo el año (al igual que todos los corredores del pelotón salvo el de UAE). Vingegaard va a correr medido y lo importante es ganar la general, de forma convincente pero no necesariamente sobrehumana. Una vez más, algo obvio, pero que parece que hay que recordarles a los “pseudo analistas”.
Decathlon y una estrategia bien jugada
Ahora vamos al contexto específico de la etapa 9 donde observamos a un Decathlon CMA CGM exprimiendo a todos sus corredores, dejando únicamente a Gregor Muhlberger y a Callum Scotson para el Corno alle Scale. Algunos de los pseudo analistas incluso cuestionaron al equipo francés al inicio de la etapa por realizar esta estrategia. La realidad es que Visma, desde el vamos, nunca tuvo la intención de ganar esta etapa: evidencia de ello es que el neo-pro Tim Rex, el menor en la jerarquía del equipo, seguía en el pelotón a menos de 15 km del final, y el hecho de que ni tuvieron que utilizar a Sepp Kuss y Davide Piganzoli.
¿Entonces Decathlon le regalan la etapa a Jonas la etapa y hacen el trabajo por él? También esa es una visión errada. Decathlon sabe que Gall va a perder tiempo en la contrarreloj de este martes y es consciente también que la batalla no es contra Vingegaard sino contra los rivales de ese segundo o tercer puesto del podio, algo que sería todo un logro en sí (sin mencionar que sería el mejor posicionamiento del austriaco en una gran vuelta). Los rivales de Gall son Red Bull y el resto de favoritos, y vaya que acertaron con esa presunción al final de la etapa.
Volviendo a Vingegaard. A 2,4 kilómetros de meta, y sabiendo que Giulio Pellizzari (Red Bull) había perdido contacto, Gall tomó la iniciativa y atacó con Vingegaard a rueda. Luego a 800 metros, el danés ataca y se termina llevando la etapa.
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A los “pseudo-analistas de sofá”: Vingegaard no necesita ser Pogacar
Vingegaard no tenía ninguna necesidad de tirar: el danés y Visma están actuando como la malla rosa de facto, sabiendo que Afonso Eulálio eventualmente la van a perder. El que tenía la necesidad de atacar y tomar distancia, tal como se observó desde el principio de etapa, era Gall: su segundo puesto es más vulnerable que el primer puesto de Vingegaard. Decathlon hizo lo que tenía que hacer y Visma también hizo lo que tenía que hacer. Pero más allá de este detalle táctico que los pseudoanalistas convenientemente ignoran, el tramo posterior al ataque por parte de Gall fue en pendientes del 11% al 15% donde el rebufo que ganaría un “chuparruedas” no tendría ningún tipo de efecto. ¿Pero como se le puede pedir este detalle a analistas que únicamente leen el ticker de ProCyclingStats?
En conclusión, no hay ningún tipo de controversia. Y si quieren instaurar alguna controversia, porque no dijeron lo mismo de Tadej Pogacar cuando siguió la rueda de Vingegaard en Tourmalet durante el Tour de France 2023, la etapa 20 del Tour de France 2024 o en el Mont Ventoux durante el Tour 2025. A veces se hace muy evidente como se tienen dobles estándares. Y si lo que buscan es ver espectáculo, esto no es más “aburrido” que los solos de 80 kilómetros que Pogacar suele hacer, cerrando todo tipo de suspenso.
La forma presuntamente controversial que Vingegaard corre -que podrá no ser tan “colorida” como la del esloveno- es la forma en que el típico vueltómano corre para ganar una general de una gran vuelta. Parece que Pogacar y los ciclistas especialistas en clásicas de los últimos 4 años distorsionaron un poco la mirada y la perspectiva, y tapan la realidad de que el danés es uno de los ciclistas que más ataca en el pelotón. Podríamos discutir sobre su unidimensionalidad en el calendario, podemos discutir sobre el hecho de que Visma tal vez hipoteque su futuro en grandes vueltas al focalizar tanto en él, pero ¿Instaurar la idea de que es un “chuparruedas” que no ataca? Propia de pseudoanalistas del sofá.
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